lunes, 12 de diciembre de 2016

SOLO DE MOTO (1967). Daniel Sueiro. LA NOVELA MACARRA DE LA CARRETERA




UN REPORTAJE DE ROUTE 1963


     Daniel Sueiro (1931-1986), pese a haber obtenido el Premio Nacional de Literatura en 1959, es uno de esos muchos escritores españoles tan grandes como desconocidos. Algo que no tiene nada de particular, por otra parte, en un país como el nuestro en el que son muy contados los ciudadanos aficionados a la lectura. Su novela corta SOLO DE MOTO (1967), tampoco es de las más conocidas del autor, ni siquiera después de haber sido llevada al cine por Juan Antonio Bardem bajo el título de EL PUENTE (1976), y protagonizada por Alfredo Landa, una producción tópica y típica del cine español de la época, una mediocre españolada y el peor trabajo de su director, en opinión de los críticos.

     Como suele suceder en estos casos, muchos españoles vieron la película en su día y otros muchos hemos conseguido verla treinta años después, pero muy pocos la relacionan con la novela y todavía menos son los que la han leído. En mi caso fue al revés, primero leí la novela y después pude ver la película íntegra en YouTube (creo que ya no está disponible), pero lo más curioso fue lo que me costó conseguir el libro y después conservarlo en casa, porque lo perdí en varias ocasiones, lo encontré otras tantas (la última de ellas ahora, para escribir este reportaje), y estoy seguro de que lo volveré a extraviar más adelante. Su pequeño formato de bolsillo, apenas un poco mayor que el de las antiguas novelas del oeste que se vendían en los quioscos de prensa, tiene buena culpa de ello. La primera edición data de 1967 o 1968, pero yo conseguí una edición postrera del año 2001 mediante búsqueda y encargo de unos grandes almacenes, lo que llevó su tiempo. Se trataba sin duda de una tirada muy corta a cargo de la modesta editorial GAS, desaparecida hace bastantes años, por lo que me ha sido imposible solicitar la pertinente autorización para la reproducción de algunas ilustraciones del libro en este blog. Dichas ilustraciones son obra de Víctor Aparicio.

     SOLO DE MOTO es muchas cosas, pero sobre todo es una novela de la carretera (española), un género prácticamente  inexistente en nuestra literatura, con la honrosa excepción del libro que nos ocupa y tal vez de alguna otra rareza todavía mucho más desconocida y por supuesto descatalogada y difícil de conseguir. Al respecto se me ocurre la novela negra LA CORONA VALENCIANA, del periodista catalán Joan Fuster, a la que le dediqué un reportaje en este blog hace ya algún tiempo.


domingo, 13 de noviembre de 2016

AQUEL VIAJE QUE CAMBIÓ NUESTRO DESTINO. (1 de agosto de 1936). 14ª Entrega





Un relato de Route 1963



    Pero él no pareció escucharme porque, absorto como estaba en la contemplación de aquella masacre, descendió unos metros por el terraplén y se dedicó a iluminar uno por uno con la linterna todos los cadáveres que teníamos a la vista con una aplicación casi judicial, como si pretendiera identificarlos, descubrir la causa de su muerte o encontrar entre ellos a alguien conocido. Esta operación le llevó unos minutos que a mí se me hicieron interminables, y cuando regresó por fin traía el rostro descompuesto y la mirada tan perdida como deben de tenerla quienes vuelven de una visita al infierno.

    -Esta noche Caín el maldito se ha paseado por aquí a sus anchas -fue todo lo que se le ocurrió decir.
    -¿Conoces a alguno?
   -No he podido verles la cara a todos. No me atrevo a moverlos, pero creo que no conozco a ninguno. Hay tres mujeres. Lo de siempre: un tiro en la nuca.
   -¿Y a qué esperamos para marcharnos? ¿Es que nos vamos a quedar aquí toda la noche para que nos pase lo mismo que a esos infelices?
   -Tengo una pistola -me soltó Juan de repente.
   -¿Una pistola? ¿De dónde la has sacado?

domingo, 6 de noviembre de 2016

AQUEL VIAJE QUE CAMBIÓ NUESTRO DESTINO. (1 de agosto de 1936). 13ª Entrega








Un relato de Route 1963


 
   -Bájate de la moto muy despacio y levanta las manos para que vean que vamos desarmados -me ordenó Juan.

   Eso hice, y estuve a punto de perder el equilibrio y caerme al suelo. Mi hermano se bajó también, colocó la moto en el caballete y levantó las manos. Y entonces ocurrió algo increíble: el auto arrancó de improviso y sin encender los faros pegó un acelerón precipitado para marcharse camino abajo a toda velocidad levantando una espesa polvareda. Ni siquiera tuvimos tiempo de ver cuántos ocupantes llevaba el vehículo. Juan respiró profundamente aliviado.

   -Lo sabía -dijo.

   -¿El qué?

   -Que iba a pasar esto. Alguien tenía que tomar la iniciativa y facilitarle las cosas al otro. De lo contrario nos habríamos podido pasar aquí toda la noche sin que nadie se atreviera a moverse.

   -Sí, pero menudo susto. ¿Quién iría en ese auto? -pregunté con viva curiosidad.

domingo, 30 de octubre de 2016

AQUEL VIAJE QUE CAMBIÓ NUESTRO DESTINO. (1 de agosto de 1936). 12ª Entrega


Un relato de Route 1963




 
   Eran las cero horas del sábado 1 de agosto de 1936 cuando llegamos a los bosques de la Dehesa de la Villa. Para nuestra desgracia tampoco era este un paraje especialmente seguro. Casi todas las mañanas aparecían entre los árboles decenas de cadáveres de civiles tiroteados. A veces los asesinaban en el lugar, otras los traían ya muertos sus verdugos en camionetas o en autos particulares y los abandonaban sobre el terreno sin darles sepultura. Pero en todo caso era mejor esconderse aquí que seguir dando vueltas por las calles expuestos a cualquier percance. Mientras subíamos por un camino de tierra que se adentraba en lo más espeso de la fronda yo caí en la ilusión óptica de ver cuerpos abatidos y cañones de fusiles que nos apuntaban en donde tal vez sólo había sombras y siluetas naturales. Las pistonadas del motor bicilíndrico de la  Brough Superior  sonaban acompasadas en el silencio de la noche, apenas respondidas por el canto de los grillos y el rumor del agua de alguna fuente que manaba en la oscuridad. El olor de las plantas y el frescor grato del bosque nos hicieron sentir de improviso un bienestar largo tiempo olvidado después de tantas privaciones y riesgos, y fue entonces, y sólo entonces, cuando por primera vez empecé a creer que podríamos escapar y salvarnos, pero mi esperanza duró apenas unos minutos, hasta que nos encontramos con los faros deslumbrantes de un automóvil que bajaba en dirección contraria.

domingo, 23 de octubre de 2016

AQUEL VIAJE QUE CAMBIÓ NUESTRO DESTINO. (1 de agosto de 1936). 11ª Entrega



Un relato de Route 1963







    Me puse en cuclillas en un rincón y me bajé los pantalones y los calzoncillos torpemente. En mi vida había sentido un miedo y una humillación semejantes. Tampoco había imaginado nunca que yo pudiera llegar a ser tan cobarde. Pero lo era, y esto ya no tenía remedio.

    -Como no nos marchemos ahora mismo, no te lo perdonaré en la vida, Mariano.


   Desde la oscuridad del portal podía ver su silueta nítida recortándose contra el resplandor de las luces de la calle. Mi hermano Juan deambulaba impaciente de un lado a otro de la entrada con las manos en los bolsillos de los pantalones sin perder de vista ni un instante el bar en donde estaban reunidos los milicianos. Ambos sabíamos que en cualquier momento podrían salir al exterior y montarse en sus vehículos, y cuando eso sucediera todas nuestras oportunidades de huir a Valencia esa noche se habrían desvanecido para siempre. No habíamos llegado tan lejos sorteando tantos peligros como para rendirnos ahora, en el último minuto. En eso Juan llevaba razón, y probablemente de no ser por mi inoportuna cobardía que me tenía ahora miserablemente indispuesto y humillado en aquel portal, ya llevaríamos un rato a bordo de la inglesita escapando de una muerte segura. 


    -¿Has terminado ya? ¿Te falta mucho? -me preguntó con angustia.

      -Sí -musité-, pero no tengo con qué limpiarme.

      -Ahora vengo -dijo, y salió del portal.

domingo, 16 de octubre de 2016

AQUEL VIAJE QUE CAMBIÓ NUESTRO DESTINO. (1 de agosto de 1936). 10ª Entrega

Un relato de Route 1963

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-Tú déjame a mí -me susurró Juan con un tono de preocupación-. Creo que podremos salir también de esta.

     -¡A ver, documentación! -pidió el otro guardia.

    -Buenas noches -saludó mi hermano mientras sacaba nuestras documentaciones falsas de un bolsillo exterior de la mochila y se las entregaba a los agentes.


   Los guardias miraron los papeles con cierto detenimiento profesional. Sobre todo los dos carnets oficiales de la CNT. Si por algún motivo no les convencían nuestras identidades y nos llevaban detenidos para hacer averiguaciones posteriores, podíamos darlo todo por perdido. A decir verdad, mientras no consiguiéramos salir de Madrid con cada minuto transcurrido menguaban notablemente las probabilidades que teníamos de ponernos a salvo. Uno de los guardias nos observó entonces de arriba abajo con exagerada curiosidad, tal vez oliendo nuestro miedo, porque, al igual que la gasolina que transportábamos, ese miedo que nos dominaba en cuerpo y alma también podía olerse.

viernes, 7 de octubre de 2016

AQUEL VIAJE QUE CAMBIÓ NUESTRO DESTINO. (1 de agosto de 1936). 9ª Entrega

Un relato de Route 1963






Sintiendo en la nuca el aliento homicida de nuestros perseguidores bajamos hasta el andén del Metro sin dejar de correr. Ni siquiera nos detuvimos en la taquilla para sacar los billetes. La empleada que los despachaba salió de su garita de cristal y nos gritó:

-¡Eh, vosotros, volved aquí! ¡Tenéis que pagar!


Naturalmente no volvimos ni se nos pasó por la cabeza hacerlo. En cambio, para no empeorar aún más las cosas, mi hermano buscó en los bolsillos de los pantalones, sacó una moneda y se la arrojó a la mujer sin ningún miramiento. Esta se agachó para recogerla de muy mala gana.


-¡Hay que ver, qué poca vergüenza! -dijo volviendo a su garita.


En el andén de la estación de Chamberí, solitario a esas horas de la noche, todavía con la respiración fatigosa por el esfuerzo de la huida, Juan me advirtió:
 

-Estate preparado, porque lo mismo tenemos que salir arreando por el túnel en cuanto aparezcan esos.

martes, 20 de septiembre de 2016

ANTIGUAS CARRETERAS COMARCALES DE ESPAÑA



Lista completa de todas las antiguas carreteras comarcales de España


En ocasiones, a los aficionados de la carretera como nosotros nos interesa averiguar la historia de algunas carreteras españolas en concreto, y algunos de los aspectos que queremos hallar son qué denominación o clave tuvo esa carretera antes de tener la actual, por dónde pasaba, etc. Pero hoy en día, a cualquier aficionado que le interese el tema y no disponga de mapas antiguos u otro material similar le puede resultar complicado determinar las claves y el trazado de las carreteras comarcales (incluso a nosotros nos ha costado alguna vez), debido a que han pasado décadas desde que esta categoría de carretera y sus claves desaparecieron, siendo sustituidas por otras claves tanto de carreteras nacionales como autonómicas y provinciales.

Por ello, nos ha parecido conveniente recopilar en un solo lugar y de forma organizada y veraz toda la información posible acerca de estas antiguas carreteras, poniéndolas a disposición de cualquier persona que desee obtener cualquier dato de estas carreteras.

No solo incluimos la lista completa, sino que proporcionamos además una explicación acerca de qué eran estas carreteras, cuando surgieron y cuáles eran las reglas que regían su numeración.



jueves, 1 de septiembre de 2016

AQUEL VIAJE QUE CAMBIÓ NUESTRO DESTINO. (1 de agosto de 1936). 8ª Entrega

Un relato de Route 1963





 
A las once menos cuarto de la noche llegamos a la Glorieta de Cuatro Caminos. Mi hermano Juan había decidido tomarse un margen de tiempo para analizar el terreno antes de proceder con la operación en sí, como él la denominaba, y que no consistía sino en arrebatarles por sorpresa a los milicianos la Brough Superior  y salir huyendo a toda prisa en dirección a la carretera de Valencia. Sin embargo no entraba en nuestros planes el llegar a este lugar con tanta antelación, circunstancia que nos exponía en exceso a un riesgo innecesario, pero no tuvimos mejor alternativa, porque a última hora las cosas se nos complicaron peligrosamente en la pensión, hasta el punto de que llegamos a temer que no saldríamos vivos de ella. 
 

La tarde había sido larga y tensa en nuestra habitación, sofocados de calor y mareados con los vapores emanados de la pintura negra empleada en la confección de las tres placas de matrícula falsas con las que pretendíamos camuflar la verdadera identidad de la inglesita. Y es que en su origen, según me explicó Juan mientras dibujaba con esmero los caracteres de las placas apoyando los antebrazos en la mesilla de noche, aquella motocicleta llevaba matrícula de San Sebastián y pertenecía a un aristócrata vasco en viaje de placer hacia Cádiz, toda una aventura sólo adecuada para chalados ociosos dispuestos a padecer calamidades en las deficientes carreteras españolas de la época. A la altura del puerto de Somosierra, en la entonces denominada carretera de Irún, el hombre había partido una biela, viéndose obligado a continuar hasta Madrid con la moto remolcada en un camión, y así es como la  Brough Superior  llegó al taller de mi hermano unos días antes de estallar la guerra. A la espera de la oportuna reparación del motor que le permitiese continuar su viaje hasta Cádiz, el desahogado aristócrata había tomado alojamiento en uno de los mejores hoteles de la capital, en donde no fue posible localizarle después del 18 de julio, cuando ya tenía la moto reparada. Nadie supo dar razón de su persona, ni dentro ni fuera del hotel. Si no le habían asesinado, probablemente habría huido precipitadamente sin dejar el menor rastro, así es que la inglesita quedó aparcada en un rincón del taller cogiendo polvo, y fue en ese momento cuando Juan tuvo la idea de tomarla prestada para marcharnos a Valencia. El resto de la historia es conocido: milicianos armados irrumpieron un día en el taller, mataron a uno de los operarios, requisaron la moto junto con otros vehículos y después incendiaron el local.

domingo, 28 de agosto de 2016

AQUEL VIAJE QUE CAMBIÓ NUESTRO DESTINO. (1 de agosto de 1936). 7ª Entrega




Un relato de Route 1963



Salimos del bar y nos separamos cada uno por su lado. Juan se marchó a encontrarse con alguno de sus contactos, con la esperanza de que pudieran darle razón de los papeles de la moto y facilitarle algo de gasolina para nuestra huida. Yo, por mi parte, me fui al banco a tratar de recuperar el dinero que teníamos ahorrado, que no era mucho ciertamente y menos aún habría de ser el que conseguí, porque los tiempos estaban tan revueltos que cualquiera que se atreviese a dejar en blanco su cuenta podía ser tomado por sospechoso enseguida, de modo que no me arriesgué y tuve que conformarme con solicitar una cantidad muy modesta para pasar desapercibido. Después, harto de caminar bajo el sol de julio por las calles de aquel Madrid tórrido y agitado, me marché a la pensión, me metí en la cama y me dormí, a pesar de que sólo era mediodía.

Dos horas después me despertó un intenso olor a gasolina. Abrí los ojos y vi a mi hermano sentado al borde de su cama.

Vámonos a comer, haragán —me dijo—. ¿Habrás sacado el dinero, no?

Sólo un poco —respondí—. Ya sabes, por aquello de la discreción.

Nos apañaremos, no te preocupes. A mí me ha ido muy bien. Ya tenemos todo lo que necesitábamos. Estoy ansioso porque lleguen las doce de la noche.

¿Has conseguido...?

Todo, todo —me interrumpió—. La documentación de la inglesita, las placas de matrícula, pintura negra, un pincel y algo de gasolina. Hay que esconderlo todo muy bien no vaya a ser que a última hora nos chafen la fiesta.

jueves, 25 de agosto de 2016

LA RED DE ITINERARIOS ASFÁLTICOS (REDIA)


Un artículo de Tarik Bermejo


Desde su puesta en marcha en 1967, mucho se ha hablado del programa de carreteras conocido como Red de Itinerarios Asfálticos (REDIA). Hagamos un poco de historia: el programa se puso en marcha en enero de 1967, contemplándose una actuación sobre los 5.000 kilómetros con mayor volumen de tráfico de la red (del total de los 80.000 kilómetros en cifras redondas que pertenecían a la red del Estado), excluidos los tramos urbanos y periurbanos, en donde las actuaciones estaban recogidas en los programas de Redes Arteriales.

Este programa se puso en marcha estando vigente el Plan de carreteras de 1961. Este plan, también conocido como «Plan Vigón», por ser Jorge Vigón el ministro de Obras Públicas que lo aprobó, tenía una vigencia de dieciséis años, hasta 1977, contando con una dotación presupuestaria muy importante para su época (177.000 millones de pesetas). Sin embargo en este plan no se establecieron prioridades en las actuaciones más allá de los primeros años, ni tampoco seguimiento de las actuaciones, y lo que fue determinante, no se planteó la revisión del plan en caso de que las variables básicas no resultaran acertadas, principalmente el crecimiento del tráfico. A este respecto, el crecimiento del parque automovilístico en esos años fue espectacular, con cifras de crecimiento superiores al 10%, alcanzando un máximo en 1966 superior al 30%.

Ni este programa, ni las primeras concesiones de autopistas de peaje, fueron aprobadas en las Cortes, condición que era exigida por la entonces vigente Ley de Carreteras de 1877, a pesar de suponer un planteamiento ambicioso en la red de carreteras.

jueves, 18 de agosto de 2016

AQUEL VIAJE QUE CAMBIÓ NUESTRO DESTINO. (1 de agosto de 1936). 6ª Entrega




Un relato de Route 1963



El viernes 31 de julio a las seis de la mañana unos golpes bruscos en la puerta de la habitación nos despertaron con gran sobresalto. Llevábamos ya varias noches durmiendo con un ojo abierto y otro cerrado, pero este fue uno de los peores despertares que recuerdo, porque no pude evitar el pensar que por fin venían a matarnos, y no es agradable comenzar un nuevo día sabiendo que ha de ser el último. La voz tranquilizadora de la señora Engracia al otro lado de la puerta nos devolvió cierta serenidad, aunque no toda la que hubiésemos deseado. Salvo que ocurriese algo grave, esta buena mujer no acostumbraba a despertar a sus huéspedes tan temprano y con semejante alarma.

No se me asusten los señoritos, que soy yo —oímos que decía—. Le llaman por teléfono, señorito Juan. Dicen que es muy importante.

¿Una conferencia desde Valencia? —preguntó mi hermano levantándose de la cama con un gesto de preocupación.

No lo sé, señorito. Es un hombre, y necesita hablar con usté urgentemente.

¿Hay alguien con usted ahí fuera?

¡Huy, hijo mío, quién va a haber! Estoy sola, pierda cuidado.

Gracias, doña Engracia. Dígale que voy enseguida.

martes, 9 de agosto de 2016

AQUEL VIAJE QUE CAMBIÓ NUESTRO DESTINO. (1 de agosto de 1936). 5ª Entrega




Un relato de Route 1963



En los días inmediatos que siguieron al levantamiento militar del 18 de julio de 1936, Madrid, que entonces contaba con una población de un millón de habitantes, probablemente se convirtió en la ciudad más peligrosa del mundo. Se producían graves accidentes de tráfico cada pocas horas. Partidas incontroladas de individuos de diferentes facciones se perseguían a toda velocidad por las calles a bordo de automóviles requisados antes de enzarzarse en espectaculares tiroteos que sembraban las aceras de cadáveres ante el horror mudo de los viandantes. Por las noches esas mismas partidas armadas asaltaban los domicilios particulares de quienes consideraban enemigos de su causa —a menudo sin prueba alguna— y se incautaban de todo tipo de bienes para llevarse después a los inquilinos, que aparecían de madrugada con un disparo en la cabeza en los descampados del extrarradio o en las cunetas de las carreteras. Pero no toda la violencia que sacudía Madrid en aquellos días desesperados tenía un origen político. Sanguinarias bandas de simples delincuentes comunes aprovechaban la terrible confusión del momento para requisar automóviles en los que se movían con total impunidad por la ciudad robando y asesinando a mansalva. Respetables ciudadanos que jamás habían manejado un arma de fuego, viéndose de repente armados por unas autoridades que habían perdido todo el control de la situación, decidían resolver a tiros antiguas rencillas de cualquier índole con vecinos, familiares o jefes, a sabiendas de que nunca se investigarían estos crímenes. Sin orden ni Ley, el odio, la venganza y el caos habían tomado Madrid tres años antes de que lo tomasen los militares sublevados.

miércoles, 3 de agosto de 2016

AQUEL VIAJE QUE CAMBIÓ NUESTRO DESTINO. (1 de agosto de 1936). 4ª Entrega




Un relato de Route 1963



Ese día, lunes 20 de julio, me quedé involuntariamente dormido y me levanté muy tarde. Había tenido intención de acudir a mi trabajo pero, como comprobé más adelante y tal y como había vaticinado Juan, mis jefes del bufete de abogados, gente de derechas —de orden, como se los denominaba entonces—, también habían huido sin dejar rastro. Fue el vecino de la habitación contigua quien me encontró, cerca del mediodía, vagando por los pasillos de la pensión en busca de la señora Engracia para que ordenase a las sirvientas que me preparasen un desayuno.

¡Qué bien vive el señorito! —me dijo con sorna—. Supongo que estarás al tanto de lo sucedido.

¿Al tanto de qué? —le respondí, frotándome los ojos aún soñolientos.

De lo del Cuartel de la Montaña —me explicó sin disimular su entusiasmo—. Hemos pisoteado a los fascistas como si fueran cucarachas. El alzamiento ha fracasado en Madrid, y en dos días estarán sometidos en el resto de España, ya lo verás.

Sí, eso es lo que yo creo —respondí con cierta indiferencia—, pero lo que necesito ahora es desayunar.

Mi vecino de habitación me lanzó una mirada retadora. Vi odio en sus ojos. Probablemente el mismo odio que había brillado en los ojos de los milicianos esa mañana, mientras asaltaban el Cuartel de la Montaña entre gritos y disparos de fusil.

jueves, 28 de julio de 2016

AQUEL VIAJE QUE CAMBIÓ NUESTRO DESTINO (1 de agosto de 1936). 3ª Entrega




Un relato de Route 1963



Amparo Signes era el nombre de la señorita valenciana con la que mi hermano llevaba un tiempo carteándose. En los años treinta estaba muy extendida la costumbre de que las parejas se conociesen a través de los anuncios en prensa que bastantes muchachas casaderas publicaban con fines exclusivamente matrimoniales. Seguramente no entraba en los cálculos de Juan el casarse todavía, y menos con una desconocida que vivía en otra ciudad, pero lo cierto es que, por unas u otras razones, aquella mujer valenciana parecía haberle interesado demasiado, hasta el punto de que superada una primera fase de relación epistolar ya se habían intercambiado fotografías personales por correo e incluso, todavía sin conocerse, hablaban por teléfono con relativa frecuencia. Aún recuerdo a la señora Engracia, habitualmente a la hora de la siesta, tocando en la puerta de nuestra habitación y diciendo:

Señorito Juan, apúrese, que tiene usté al teléfono una conferencia desde Valencia.

Y entonces Juan saltaba de la cama y en pijama salía a los largos corredores de la pensión en busca de aquel teléfono negro en el que siempre se estaban recibiendo conferencias desde algún lugar de España. Cuando las conversaciones se prolongaban más allá de lo que aconsejaba la urbanidad y algún otro huésped deseaba utilizar el teléfono, bien porque necesitase hacer una llamada, bien porque esperase recibirla —y más si era una conferencia—, se producían ruidosos altercados que perturbaban la tranquilidad del establecimiento y fomentaban no pocas enemistades entre sus clientes. Mi hermano Juan, que tenía la fea costumbre de acaparar en exceso el teléfono en sus dulces coloquios con la señorita valenciana, ya había discutido airadamente con todos los demás huéspedes por este motivo.

viernes, 22 de julio de 2016

AQUEL VIAJE QUE CAMBIÓ NUESTRO DESTINO (1 de agosto de 1936). 2ª Entrega




Un relato de Route 1963



Cuando se produjo la sublevación militar del 18 de julio de 1936, mi hermano Juan y yo ya llevábamos un par de años residiendo en Madrid. El trabajaba como jefe de mecánicos en un taller de reparación de automóviles —o de autos, como se los denominaba popularmente entonces— del barrio de Salamanca, la zona más noble y pudiente de la ciudad, mientras que yo estaba empleado como pasante en un prestigioso bufete de abogados de la Gran Vía a la espera de concluir la carrera de Derecho, de la que aún me faltaban tres años, para establecerme por cuenta propia. Nunca conseguí terminarla. En comparación con las gentes del entorno y estatus social que nos correspondía, es decir, clase media baja emparentada con el proletariado, bien podíamos considerarnos en cierto modo privilegiados. En una sociedad tan clasista como la española de los años treinta nosotros representábamos a una simbólica élite de parias que todavía comía caliente a diario y que, mal que bien, conseguía llegar a fin de mes, muy probablemente favorecidos por el hecho de que nuestros trabajos eran relativamente estables, estábamos ambos solteros y no teníamos familias que mantener. Por si eso podía servirnos de consuelo, éramos los menos parias de entre los parias, no obstante lo cual nuestros salarios eran bajos y los cobrábamos tarde y mal, en consonancia con los penosos tiempos que corrían en todo el país para la clase trabajadora.

lunes, 18 de julio de 2016

AQUEL VIAJE QUE CAMBIÓ NUESTRO DESTINO (1 de agosto de 1936). 1ª Entrega



Un relato de Route 1963


PREÁMBULO

Hace ahora diez años, en julio de 2006, coincidiendo con el 70 aniversario del estallido de la guerra civil española, comencé a escribir un relato por entregas ambientado en aquellos trágicos días. Dichas entregas se publicaron en internet, concretamente en el foro de la AMM (Asociación Mutua Motera), durante varias semanas, con gran éxito e interés del público, ya que el argumento central de la historia trataba de la huida en moto por carretera de dos hermanos en los primeros días de la guerra.

Fui escribiendo las diferentes entregas del relato a medida que las iba subiendo al foro, de modo que podía ir jugando con la trama y la deriva de la historia según fueran mis necesidades en función de la intriga y de las reacciones que la misma provocaba en los lectores. A semejanza de las telenovelas, cada capítulo o entrega publicada dejaba siempre abierta la posibilidad de un desenlace incierto e imprevisible para la siguiente, con la consabida acumulación de frenéticas peripecias, aventuras y conflictos irresueltos en el tránsito narrativo de los personajes y en el desarrollo del propio relato. Un relato que, por describirlo en términos coloquiales, enganchaba casi como una droga a todo tipo de lectores desde los primeros párrafos, y muchos eran capaces de permanecer despiertos hasta altas horas de la madrugada (que era cuando yo publicaba en el foro cada entrega) acuciados por la necesidad de leer cada nuevo episodio antes de irse a la cama. No les servía de mucho consuelo, porque a una intriga resuelta le sucedía otra intriga sin resolver, una madrugada sí y otra también, y durante varias semanas, como queda descrito.

viernes, 15 de julio de 2016

N-330 (ALICANTE-ALMANSA): «CONEXIÓN AL CENTRO»


«N-330, conexión al Centro: historia y vestigios de la N-330, tramo Alicante-Almansa»
Un trabajo académico a cargo de Rubén Abad Ortiz y José Vicente Garberí Buitrón para la Universidad de Alicante


ÍNDICE DE CONTENIDOS:

     5.1. Villena
     5.2. Elda



RESUMEN

El objetivo principal del presente documento consiste en la realización de un estudio sobre el tramo de la N-330 en el tramo que conecta las ciudades de Almansa y Alicante. Se espera que este documento sea un testimonio de la evolución que ha experimentado el Corredor Alicante-Almansa a lo largo del tiempo, una evolución que corre peligro de ser olvidada en las fauces del tiempo como víctima de la construcción y planificación moderna de infraestructuras. Es por ello que este trabajo pretende poner en valor su implicación como uno de los principales elementos de crecimiento urbanístico, económico e industrial de la provincia de Alicante.

Palabras clave: N-330, historia, patrimonio, conservación

jueves, 9 de junio de 2016

LOS HITOS KILOMÉTRICOS DE NUEVOS MINISTERIOS (MADRID)



En el madrileño parque de Nuevos Ministerios, situado junto al Paseo de la Castellana en el distrito de Chamberí, y donde se ubican los ministerios de Fomento y Empleo y Seguridad Social, se encuentra una pequeña zona donde se han reunido un conjunto de hitos kilométricos de distintas épocas, desde los pétreos más antiguos hasta los metálicos más modernos, pasando por los años intermedios del llamado «Plan Peña». Además, en el centro de este lugar se conserva también, y en buen estado, una vetusta máquina apisonadora. Un lugar y una visita que, sin lugar a dudas, creemos que serán apreciados por los amantes de la carretera, su historia y sus elementos y vestigios.

Unos meses antes de la publicación de este artículo, descubrimos navegando por Internet este lugar por casualidad, del que no teníamos constancia. Una vez averiguamos dónde se encontraba, decidimos dejarnos caer por allí, cámara en mano, para documentar, enseñar y disfrutar de este pequeño museo al aire libre.

Justo a la entrada de la zona donde se encuentran los hitos, esta placa recibe al visitante, informando acerca de la antigüedad de los hitos que se exhiben. Si se encuentra en lo cierto, podremos ver hitos vigentes desde la década de 1930.


sábado, 14 de mayo de 2016

IV TROFEO VESPA "LAS 20 PROVINCIAS" (1961)



La Vespa (avispa, en italiano), es el escúter más célebre de todos los tiempos y el vehículo de dos ruedas más popular de la Europa de la posguerra, una popularidad extendida e incrementada en los decenios siguientes hasta alcanzar la categoría de icono cultural universal, trascendiendo así su modesta identidad de vehículo utilitario, humilde y proletario. Nacida en Italia en el año 1946, llegaría a España pocos años después para convertirse en un elemento imprescindible de la motorización nacional, anticipándose a la verdadera revolución desarrollista que supondría la fabricación del Seat 600, también de origen italiano. Como italiana era la Lambretta, otro escúter emblemático de la época que tuvo enorme aceptación en nuestro país, aunque  no alcanzó el éxito y la reputación superlativos de la Vespa.

Pero en todo caso estamos hablando de unos vehículos concebidos fundamentalmente para una utilización urbana y que, sin embargo, fueron capaces de trascender también ese ámbito limitado para afrontar el reto de los viajes por carretera e incluso aventurarse en veleidades deportivas que a priori habría podido parecer que estaban fuera de su alcance. Pero nada más lejos de la realidad, porque el ser humano, siempre ávido de emociones fuertes -y pocas emociones más fuertes que el riesgo de la velocidad-, nunca ha desdeñado la posibilidad de competir con sus semejantes manejando los diferentes vehículos (con motor o sin él) de los que ha dispuesto en cada momento concreto de la Historia.



¿Una carrera cronometrada de 3.000 kilómetros por etapas a través de veinte provincias españolas y sus correspondientes carreteras tercermundistas de los años sesenta a lomos de una Vespa? ¿Y porqué no? A fin de cuentas, existen antecedentes todavía más terribles, como por ejemplo la carrera ciclista Madrid-Valencia (350 kms.), en una sola jornada, que se celebraba en los años cuarenta del pasado siglo, en pleno verano, con temperaturas abrasadoras, pesadas bicicletas de hierro, a través de una carretera nacional ruinosa y con una exigencia física para los participantes digna de superhombres. En comparación con esto, el Trofeo Vespa de las 20 provincias podía considerarse casi una plácida gira turística guiada, con las Vespas escrupulosamente puestas a punto al comienzo de cada jornada por los mecánicos de los distintos equipos participantes, con etapas relativamente cortas que no solían superar los 300 kms. (aunque por aquellas deficientes carreteras españolas de la época estos kilómetros se hiciesen muy arduos, y más luchando contra el cronómetro), con comidas y cenas en restaurantes y pernoctaciones en hoteles de cierto nivel. Más que una exigente competición deportiva, podría parecernos un pasatiempo lujoso para señoritos ociosos llegados de toda Europa para disfrutar y divertirse con sus Vespas a lo largo y ancho de la geografía española.

En las diferentes imágenes de este completo reportaje de la Filmoteca Española dedicado a la carrera no vemos rostros crispados por el cansancio de la ruta, ni cuerpos contrahechos después de varias horas conduciendo aquellas Vespas incómodas que estaban pensadas para cortos trayectos urbanos, ni gestos airados por la rivalidad y competencia de unos participantes hacia otros como consecuencia de las exigencias de la prueba, sino todo lo contrario. Todo el mundo está sonriente, relajado y feliz, como si los resultados y clasificaciones en la competición fuesen irrelevantes y se tratase sólo de disfrutar de la gastronomía, del aire y del sol de España y de sus variados paisajes. 



Unos paisajes, y unos escenarios de la red viaria española que hoy, más de medio siglo después, nos resultan muy interesantes a los aficionados al patrimonio histórico de nuestros vehículos y carreteras de antaño. En los casi catorce minutos de duración del reportaje podemos disfrutar de la contemplación de estos vehículos ya extinguidos, pero también, y sobre todo, de aquellos elementos de las carreteras igualmente desaparecidos en su mayor parte (hitos kilométricos, casillas de peones camineros, vetustas señales de tráfico, antiguas travesías de poblaciones...), unos elementos ya históricos -o arqueológicos, incluso, podríamos decir-, que formaron parte de nuestra historia más reciente.

En comparación con otras naciones europeas, España era todavía a comienzos de los años sesenta un país eminentemente agrícola y en vías de desarrollo. El parque móvil resultaba escaso y anticuado, las carreteras precarias, inseguras y muy limitadas en cuanto a señalización y otros elementos auxiliares (nótese la ausencia generalizada de señalización horizontal en el firme, incluso en las vías principales), las obras públicas indispensables para la mejora de la red estaban aún en una fase incipiente de su ejecución, y en general el país presentaba severas carencias en todas sus infraestructuras básicas. 

   
Sin embargo, como hemos sido siempre un país exótico, sin complejos, sin vergüenza ajena y con un punto característico de exhibicionismo narcisista, el hecho de acoger eventos deportivos de motor como el que nos ocupa supuso en su día una magnífica oportunidad de promoción internacional y un escaparate inmejorable para mostrarnos al mundo no como éramos, sino cómo pretendíamos ser en un futuro inmediato. Y naturalmente la prensa nacional se prestaba entusiasta a reflejar estos acontecimientos con todo lujo de detalles. Es el caso de este recorte del diario La Vanguardia de Barcelona, fechado el 13 de junio de 1961, en el que se informa de la inminente llegada de los participantes de la carrera a la ciudad condal. 


Hoy en día la mayoría de nosotros no estaríamos dispuestos a ir en una Vespa mucho más allá de la esquina a comprar el pan, pero cuando el humilde y simpático escúter italiano hacía furor en las ciudades y carreteras de todo el mundo y suscitaba la envidia de quienes aún no habían podido motorizarse y esperaban pacientes en las paradas de autobús, algunos iluminados vespistas se inventaron esta prueba cronometrada por etapas a través de la vieja piel de toro. La Filmoteca Española nos ha dejado un documento audiovisual en color de un valor incalculable acerca de tan apasionante desafío.